1) Durante mucho tiempo se ha creído que el ser humano primitivo era un mero fabricante de herramientas, que utilizaba su ingenio cuando debía responder a una determinada necesidad. Esta idea debió ser revisada cuando se descubrieron las extraordinarias figuras rupestres de las cuevas de Altamira, de aproximadamente 15.000 años de antigüedad. Estas obras de arte revelan que nuestros antecesores poseían una fina capacidad de observación y que eran capaces de representar sus ideas con cierto grado de abstracción. Para numerosos estudiosos, ellos habían logrado un nivel de desarrollo más alto en sus manifestaciones artísticas que en la fabricación de utensilios. Es lógico suponer entonces, que la preocupación estética fuera central en el momento de proceder al “diseño” de cada nuevo artefacto. Esta suposición cobra validez cuando se observan, por ejemplo, las bellas puntas de flecha en forma de hoja de laurel hechas por artesanos primitivos.
2) Buscar información sobre las pinturas rupestres de las cuevas de:
-Altamira (España)
-Lascaux (Francia).
-De las Manos (Argentina, Santa Cruz).
Insertar imágenes de cada una y hacer una breve descripción de cada una.
2) Buscar información sobre las pinturas rupestres de las cuevas de:
-Altamira (España)
-Lascaux (Francia).
-De las Manos (Argentina, Santa Cruz).
Insertar imágenes de cada una y hacer una breve descripción de cada una.
Cueva Altamira: Las pinturas y grabados de la cueva están caracterizados por el realismo de las figuras representadas. Contiene pinturas polícromas, grabados, pinturas negras, rojas y ocres que representan animales, figuras antropomorfas, dibujos abstractos y no figurativos. El trabajo, de forma resumida y básica, consistía en seleccionar el espacio, marcar el contorno con grabado, incorporar el negro y por último el color. El autor tenía un trazo firme y decidido, conocía a la perfección la anatomía de los animales que pintaba, de hecho no se encuentran correcciones del dibujo. La pintura está hecha con pigmentos minerales de óxido de hierro rojos, ocres del amarillo al rojo y carbón vegetal, mezclados con agua o en seco. El color rojo de los polícromos de Altamira se consiguió aplicando el hematites húmedo sobre el techo, pero aunque dicho pigmento tiende a cambiar al marrón cuando se seca, en este caso la alta humedad de la cueva impidió que eso ocurriese. En todo caso, la apariencia del rojo varía según la época del año por el cambio de la humedad de la cueva y de la roca. La aplicación de la pintura presenta varias posibilidades, como la aplicación con los dedos directamente, con algún utensilio a modo de pincel, por medio de los dedos cubiertos con gamuza, o con un pincel con gamuza en la punta que permitiese cargar pintura y que pudiera proporcionar un trazo continuo. Se utilizaron distintas perspectivas, como la “perspectiva torcida”, que muestra por ejemplo, el cuerpo del bisonte de perfil y la cornamenta de frente, haciendo que cada parte sea vista desde donde es más fácilmente identificable. La sensación de realismo se consigue mediante el aprovechamiento de los abultamientos naturales de la roca, que crean la ilusión de volumen, a través de la viveza de los colores, que rellenan las superficies interiores y también por la técnica del dibujo y del grabado, que delimita los contornos de las figuras. El movimiento es expresado con distintas técnicas de animación, desde la “animación nula” de alguno de los caballos de las salas profundas a la “animación simétrica” del jabalí corriendo al “galope volante” de la Gran sala.
El Bisonte encogido es una de las pinturas más expresivas y admiradas de todo el conjunto. El artista supo encajar la figura del bisonte, encogiéndolo, plegando sus patas y forzando la posición de la cabeza hacia abajo, dejando fuera únicamente el rabo y los cuernos.


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